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SUPLEMENTO

AL INDICE EXPURGATORIO DEL AÑO DE 1790

QUE CONTIENE

LOS LIBROS PROHIBIDOS Y MANDADOS EXPURGAR

EN TODOS LOS REYNOS Y SEÑORÍOS

DEL CATÓLICO REY DE ESPAÑA EL SR. D. CÁRLOS IV,

DESDE EL EDICTO DE 13 DE DICIEMBRE DEL AÑO DE 1789

HASTA EL 25 DE AGOSTO DE 1805.

MADRID EN LA IMPRENTA REAL

AÑO DE 1805.

Habiéndose observado que por malicia, ignorancia, ó mala inte

ligencia de los mandatos del Santo Oficio se han introducido varios abusos en punto á libros prohibidos, ha parecido conveniente repetir lo que el Excelentísimo Señor Inquisidor general Don Felipe Bertran, Obispo de Salamanca, Caballero Prelado Gran Cruz de la Real distinguida Orden de Cárlos III, dispuso y declaró en el Edicto de 7 de Mayo de 1782, que dice así: DECLARAMOS y mandamos que para usar de las licencias de qualquier modo concedidas para retener y leer los libros prohibidos, deban los impetrantes consultarlas anualmente con sus Confesores, á cuyo cargo y obligacion cometemos el interdecírselas siempre y quando los penitentes por su uso hayan causado ó padecido algun escándalo, y esto no solamente por via de penitencia medicinal, sino tambien en nuestro nombre y en virtud de la facultad que desde ahora les concedemos: imponiendo precepto y obligacion, en virtud de santa obediencia, á todos los Confesores Seculares y Regulares, y principalmente á los que tuvieren carga de ánimas, que á las personas que con ellos se confesaren, mayormente por la Quaresma, para cumplir con el precepto de la Iglesia, les pregunten y exâminen si tienen algun libro o libros de los prohibidos, ó mandados expurgar por el Expurgatorio y posteriores Edictos; y á los que los tuvieren y pareciere haber incurrido en las censuras por ellos impuestas, les aconsejen y amonesten á salir de ellas, haciéndoles saber como la dicha absolucion de las censuras en que hubieren incurrido (mientras no cumplieren con la obligacion que en esta materia se les impone) está reservada á los Inquisidores generales de estos Reynos, por Breves particulares de la Santidad de Paulo V de 27 de Enero de 1612, y de Urbano VIII de 17 de Agosto de 1627. Que á ninguno de estos Reynos puedan sufragar en el fuero interno y externo las licencias que hayan obtenido y obtengan de las Congregaciones generales de Roma, á cuyo distrito se deben limitar: y que las que dimanan de su Santidad se presenten ante Nos ó ante el Consejo de la Santa general Inquisicion para que se exâminen las preces, y si hay inconveniente de parte de la persona en su uso, y

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para que registradas por los respectivos Tribunales del Santo Oficio, les sirva á estos de noticia y de gobierno (en caso de delacion) para la formacion de este género de causas; en que mandamos á todos los Inquisidores de estos Reynos procedan con toda severidad, para que el castigo personal y pecuniario refuerce el temor casi extinguido de las censuras eclesiásticas con que miserablemente se ligan, no solamente los que leen, retienen, compran, venden, y permutan semejantes libros, sino tambien los que no delatan al Santo Oficio á qualquiera de estos contraventores á sus Edictos, preceptos y mandatos. Asimismo declaramos, que las licencias que se conceden para su lectura y retencion no la dan para su introduccion en estos Reynos, á no ser que expresamente por Nos ó por nuestros sucesores se concedan para el efecto, con señalamiento de los que hayan de introducirse, y de la aduana ó tabla donde hayan de pasar; incurriendo de lo contrario en las mismas penas en que incurren los que no tienen dichas licencias, todos y qualesquiera de los que tengan parte maliciosa en su encargo, introduccion y conduccion: que tampoco se extiende dicha facultad á poderlos comprar, vender, donar ó permutar en estos Reynos aun á las personas que pueden leerlos y retenerlos, no siendo con permiso nuestro ó de nuestros sucesores, de quienes deben entender tienen solo un uso precario, sin derecho para disponer libremente de ellos por la razon ya expresada, y por ser esta la precisa condicion con que se conceden dichas licencias, como de ellas mismas aparece; y á mayor abundamiento así lo declaramos y mandamos con revocacion suya, ipso facto, en caso de contravencion. E igualmente mandamos á los herederos y testamentarios, baxo de excomunion mayor, que de los libros prohibidos que se hallasen entre los bienes de los causantes, no puedan disponer ni para su uso ni para el de otros, aunque tengan licencia de leerlos, ni tampoco retenerlos con esperanza de impetrarla de Nos ó de nuestros sucesores; porque ninguno lo puede ser, segun la sabia Ley Romana, los venenos que se hallen en la herencia; y por toda ley natural y civil está prohibido el comercio de los contrabandos nocivos á la pública salud y utilidad: reflexion que hace nuestro antecesor el Ilustrísimo Señor Don Francisco Perez de Prado, de buena memoria, en su Edicto de 13 de Febrero de 1747, con otras consideraciones sobre la materia de que en este tratamos, propias de su

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zelo y discrecion, y dignas de que los fieles las tengan presentes para evitar el contagio.

Y por quanto es venido á nuestra noticia, que con ocasion de algunas licencias justamente concedidas por Nos ó nuestros predecesores á las Academias, Sociedades, y otros Cuerpos literarios, han llegado á persuadirse muchos equivocadamente, que los individuos de dichos Cuerpos en particular, se hallan autorizados en virtud de ellas para leer y retener libros prohibidos lícita é impunedemente: declaramos que semejantes licencias y concesiones son y ben entenderse dispensadas solo en gracia de los referidos Cuerpos literarios; á fin de que en los asuntos de su cargo é instituto, en que los individuos y miembros comisionados en particular para ellos necesitaren para su cabal y mas cumplido desempeño de las luces que suministraren tal vez los libros prohibidos, puedan valerse de ellos, sirviéndose así de los que exîstieren en las Librerías de las mismas Academias, como en otras de Comunidades y Particulares. en que se hallaren con igual permiso nuestro; teniéndolos empero con la debida reserva y custodia por el tiempo preciso que durare la comision y encargo, y restituyéndolos, evacuado este, á sus propios dueños ó lugares de donde los tomáron; sobre lo qual les encargamos estrechamente sus conciencias, con la debida sumision y obediencia á nuestros mandatos, y el justo temor á las censuras y demas penas arriba mencionadas é impuestas contra los que sin nuestra particular expresa y necesaria licencia arbitraria ó maliciosamente, ó abundando en libres y errados dictámenes de una falsa conciencia y opinion, leen y retienen libros y obras prohibidas por la legítima potestad de la Iglesia.

Por las mismas razones ha parecido conveniente trasladar aquí, del Indice expurgatorio de 1790, el

Mandato á los Libreros, Corredores y Tratantes en libros.

Todos los que hacen oficio de Libreros de mesa ó de tienda, ó de Corredores ó Compradores y Vendedores de libros, ó que tienen trato y mercancía de ellos en qualquier manera, dentro de sesenta dias despues de la publicacion de este Indice, sean obligados á hacer inventario ó memorial de todos los libros que son á su cargo por abecedario, que comience por los sobrenombres y nombres de

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